sábado, 21 de diciembre de 2013

El significado de la Navidad




La Navidad es la época más especial del año, en donde disponemos del permiso para  expresar nuestros más nobles sentimientos por medio de detalles, caricias y palabras amables…Una épo­ca especial de acercamiento y compartida con los amigos y la familia para reforzar y alimentar el vínculo de amor y amistad.
La Navidad es tiempo de celebración, regalos, ni­ños, alegría y familia, pero también la Navidad es época propicia para el reencuentro con nosotros mismos, con la Divinidad y con los demás.  
 También es tiempo para dejarse llevar por los sentimientos de solidaridad, dejando fluir libre­mente nuestro afecto, cariño y comprensión  con alguien que necesite un poco de nosotros.
Frases que hemos repetido a lo largo de muchos años, pueden cobrar un nuevo y profundo signi­ficado, al tener una actitud mas abierta y positi­va que nos lleve a vivir con Amor!!!   
Que esta Navidad, sea el co­mienzo de una nueva y ma­ravillosa etapa en tu vida. Sumérgete en el espíritu na­videño y disfruta de las mil y una manifestaciones de su magia y las señales que de­notan su presencia. Vamos, ¡muévete!, vence la apatía y pon en marcha tu imaginación para llenar tu vida y la de los tuyos con sentimientos y pen­samientos alegres y positivos.
Que los buenos sentimientos que encierra la Navidad, se queden contigo y te acompa­ñen a vivir cada día a lo largo del nuevo año.  Que sea un tiempo para nuevos comienzos, para el fortalecimiento de tus rela­ciones a través del amor, para que tus sueños se cumplan y para que vuelvas al reencuentro con­tigo mismo y con la presencia de Dios.
ABRE LAS PUERTAS DE TU CORAZON PARA QUE TENGAS UNA NAVIDAD MUY ESPECIAL.
NAVIDAD ES TIEMPO DE FAMILIA.  
Reúne los tuyos para compartir momentos de ca­lidad.  Eviten el enfrentamiento, las discusiones y los recuerdos tristes o los reclamos. Comparte con tus hijos, eventos propios de la celebración de la Navidad y participa junto con ellos.
NAVIDAD ES FELICIDAD.  
Rescata alguna de las ceremonias que forma­ron parte de la Navidad feliz que más recuer­das. La Navidad mágica es para todos aquellos que sean niños de corazón. El pesebre, el arbo­lito las guirnaldas, las velas, la cena, las nueces, los adornos, los postres,  la música de Navidad.  Escucha música navideña, rescata los sonidos y cantos propios de la navidad.
LA NAVIDAD ES TIEMPO DE PERDON
Y RECONCILIACION.
Toma la decisión valiente de perdonar y llenarte de amor. No olvides que es la vida quien suelta los nuditos que nos mantuvieron atados al pasa­do, cuando perdonamos desde el corazón. Perdó­nate a ti mismo, por los errores y las equivoca­ciones del pasado y levántate para comenzar un presente nuevo y renovado.
 NAVIDAD ES TIEMPO DE DAR.
Abre tu corazón y déjate llevar por el espíritu amoroso de la navidad y comparte  un jugue­te, un plato de comida caliente, una visita,  una sonrisa, una acción amorosa y desinteresada di­rigida a suavizar su condición de limitación, soledad,  necesidad o dolor. Si tienes niños, acompáñate de ellos, cuéntales sobre tu inicia­tiva e invítalos a participar.  NAVIDAD, TIEMPO
DE REFLEXION.
Encuentra un espacio para la re­flexión.  No te juzgues, ni presio­nes. Simplemente obsérvate, una vez que definas las áreas que vas a mejorar, asume el compromi­so contigo mismo de cambiar o transformar ese hábito, esa actitud o esa creencia que te causa daño a ti, o a través de ti a otros.
 NAVIDAD, TIEMPO DE CONECTAR CON LA DIVINIDAD.
Conéctate a la presencia de lo Sagrado dentro y fuera de ti.  No olvides que estás hecho de Es­píritu Divino.  Muchas veces has sentido que el Señor Dios se ha alejado de ti… cuando en reali­dad lo que ha sucedido es que tú te has separado de El por algunas de las experiencias vividas con dolor o con confusión.  Conéctate de nuevo a su presencia y practica algunos momentos de reco­gimiento, oración y reflexión.
NAVIDAD ES EPOCA DE AGRADECER
Haz una lista de todas aquellas personas que alguna vez hicieron algo especial por ti, aún a pesar de no haber hablado con ellas en mucho tiempo.  Elige un par de ellas y hazles una lla­mada para desearles una Feliz Navidad.
¡Suelta el pasado, deja de preocuparte por el futuro, vive el presente, la vida es maravillosa y todo va a estar bien!!!

sábado, 7 de diciembre de 2013

Qué es el buen vivir?


�rbol en un campo
Las comunidades indígenas del Abya Yala o América defienden el concepto de el buen vivir, en oposición al “vivir mejor”, como un modelo de vida o de desarrollo más justo, más sostenible o sustentable, más ecológico. Se abre con especial fuerza en América Latina, hasta el punto que, recientemente, Ecuador y Bolivia han incluido el buen vivir en sus respectivas constituciones como el objetivo social a ser perseguido por el Estado y por toda la sociedad.
En oposición al vivir mejor occidental, al siempre vivir mejor de la lógica neoliberal, el buen vivir propone un modelo de vida mucho más justo para todos. Para que unos pocos vivan mejor, que es lo que sucede ahora en el Primer Mundo, para asegurar esas desmedidas demandas de consumo y despilfarro, tiene que existir un Tercer Mundo que provea de materias primas y mano de obra baratas. Muchos, en definitiva, tienen que “vivir mal” para que unos pocos “vivan bien”.
El buen vivir es, en cambio, muchísimo más equitativo. En vez de propugnar elcrecimiento contínuo, busca lograr un sistema que esté en equilibrio. En lugar de atenerse casi exclusivamente en datos referentes al Producto Interior Bruto u otros indicadores económicos, el buen vivir se guía por conseguir y asegurar los mínimos indispensables, lo suficiente, para que la población pueda llevar una vida simple y modesta, pero digna y feliz.

El Regalo más grande del mundo

"El día que mi María José nació, en verdad no sentí gran alegría porque la decepción que sentía parecía ser más grandeque el gran acontecimiento que representa tener hijo. Yo quería un varón.
A los dos días de haber nacido, fui a buscar a mis dos mujeres, una lucía pálida y la otra radiante y dormilona. En pocos meses me dejé cautivar por la sonrisa de María José y por el negro de su mirada fija y penetrante, fue entonces cuando empecé a amarla con locura, su carita, su sonrisa y su mirada no se apartaban ni un instante de mi pensamiento. Todo se lo quería comprar, la miraba en cada niño o niña, hacía planes, todo sería para mi María José." 
Este relato era contado a menudo por Randolf, el padre de María José. Yo también sentía gran afecto por la niña que era la razón más grande para vivir de Randolf, según decía él mismo. Una tarde estaba mi familia y la de Randolf haciendo un picnic a la orilla de una laguna cerca de casa y la niña entabló una conversación con su papá, un diálog que todos escuchamos...
-Papi, cuando cumpla quince años... ¿Cuál será mi regalo?.
-Pero mi amor si apenas tienes diez añitos... ¿No te parece que falta mucho para esa fecha?.
-Bueno papi, tú siempre dices que el tiempo pasa volando, aunque yo nunca lo he visto por aquí.
La conversación se extendía y todos participamos de ella. Al caer el sol regresamos a nuestras casas.
Una mañana me encontré con Randolf enfrente del colegio donde estudiaba su hija quien ya tenía catorce años.
El hombre se veía muy contento y la sonrisa no se apartaba de su rostro. Con gran orgullo me mostró el registro de calificaciones de María José, eran notas impresionantes, ninguna bajaba de nueve
 puntos y los estímulos que les habían escrito sus profesores eran realmente conmovedores, felicité al dichoso padre y le invité a un café.
María José ocupaba todo el espacio en casa, en la mente y en el corazón de su familia, especialmente en el corazón de su padre. Todo ocurrió un domingo, muy temprano, cuando nos dirigíamos a misa... En ese momento María José tropezó con algo, o eso creímos todos, y ella dio un traspié. Sin embargo, en ese momento no cayó pues su padre la tomó de inmediato, evitando que se lastimara. De cualquier forma, ya instalados en el auto, vimos como María José se tumbó lentamente sobre el banco y casi perdió el conocimiento. Inmediatamente, buscando un taxi, la llevamos al hospital.
Allí permaneció por diez días y fue entonces cuando le informaron que su hija padecía de una grave enfermedad que afectaba seriamente su corazón, pero no era algo definitivo, que debían practicársele otras pruebas para llegar a un diagnóstico firme.
Los días iban transcurriendo, Randolf renunció a su trabajo para dedicarse al cuidado de María José, su madre quería hacerlo pero decidieron que ella trabajaría, pues sus ingresos eran superiores a los de él. Una mañana Randolf se encontraba al lado de su hija cuando ella le preguntó:
- ¿Voy a morir, no es cierto?. Te lo dijeron los médicos.
- No mi amor, no vas a morir, Dios que es tan grande, no permitiría que pierda lo que más he amado en el mundo- respondió el padre.
- ¿Van a algún lugar?. ¿Pueden ver desde lo alto a las personas queridas?. ¿Sabes si pueden volver?.
- Bueno hija, respondió, en verdad nadie ha regresado de allá a contar algo sobre eso, pero si yo muriera, no te dejaría sola. Estando en el mas allá buscaría la manera de comunicarme contigo, en última instancia utilizaría el viento para venir a verte.
- ¿Al viento?- replicó María José. - ¿Y cómo lo harías?.
- No tengo la menor idea hija, solo sé que si algún día muero, sentirás que estoy contigo cuando un suave viento roce tu cara y una brisa fresca bese tus mejillas.
Ese mismo día por la tarde, llamaron a Randolf, el asunto era grave, su hija estaba muriendo, necesitaban un corazón
pues el de ella no resistiría sino unos quince o veinte días más. ¡Un corazón!. ¿Dónde hallaría un corazón?. ¿Lo vendían en la farmacia acaso, en el supermercado, o en una de esas grandes tiendas que propagan por radio y televisión?. ¡Un corazón!. ¿Dónde?.
Ese mismo mes, María José cumpliría sus quince años. Fue el viernes por la tarde cuando consiguieron un donante, las cosas iban a cambiar. El domingo por la tarde, ya María José estuvo operada y todo salió como los médicos lo habían planeado. ¡Éxito total!.
Sin embargo, Randolf no había vuelto por el hospital y María José lo comenzó a extrañar. Su mamá tuvo que explicarle que ya que todo estaba bien, a partir de ese momento su papá era quien trabajaría para sostener la familia. María José permaneció en el hospital por quince días más, los médicos no habían querido dejarla ir hasta que su corazón estuviera firme y fuerte y así lo hicieron. Al llegar a casa todos se sentaron en un enorme sofá y su mamá con los ojos llenos de lágrimas le entregó una carta de su padre.
María José, mi gran amor:
"Al momento de leer mi carta, debes tener quince años y un corazón fuerte latiendo en tu pecho, esa fue la promesa de los médicos que te operaron. No puedes imaginarte ni remotamente cuanto lamento no poder estar a tu lado en este instante. Cuando supe que ibas a morir sentí que yo también moriría contigo, y me preguntaba ¿qué podía hacer?... después de tanto pensar y sentir mil cosas dentro de mi, decidí finalmente que la mejor manera de hacer algo por ti era darle respuesta a una pregunta que me hiciste cuando tenías diez años y a la cual no respondí. Decidí hacerte el regalo más hermoso que nadie jamás ha hecho. Te regalo mi vida entera, sin condición alguna para que hagas con ella lo que creas que es mejor, sintiendo muchas cosas bellas y sabiendo que en el mundo lo más importante es que quieras vivir, ¡Vive hija!. Te amo!!!!...
También quiero que sepas que hoy, mañana y siempre estaré a tu lado, siempre. Te Amo y siempre Te Amaré, porque eres lo más grande y hermoso que Dios me ha dado... siempre estaré contigo, siempre TE AMARÉ..."
María José lloró todo el día y toda la noche. Al día siguiente, fue al cementerio y se sentó sobre la tumba de su papá, lloró como nadie lo ha hecho y susurró:
-Papi ahora puedo comprender cuanto me amabas, yo también te amo aunque nunca te lo dije. Por eso también comprendo la importancia de decir "TE AMO". Y te pido perdón por haber guardado silencio... en ese instante las copas de los árboles se movieron suavemente y cayeron algunas flores.

Sintió María José que un suave viento rozó su cara y una brisa fresca besó sus mejillas. Alzó la mirada al cielo sintiendo una paz inmensa y dio gracias a Dios por eso. Se levantó y caminó a casa con la alegría de saber que lleva en su corazón "el amor más grande del mundo"...

EL CORAZON PERFECTO - LECTURA MOTIVACIONAL







EL CORAZÓN PERFECTO.

Un día un hombre joven se situó en el centro
de un poblado y  proclamó que él poseía el
corazón más hermoso de toda la comarca.

Una gran multitud se congregó a su alrededor
y todos admiraron y confirmaron que su corazón
era perfecto, pues no se observaban en el ni
máculas ni rasguños.

Sí, coincidieron todos que era el corazón
más hermoso que hubieran visto.
Al verse admirado el joven se sintió más
orgulloso aún, y con  mayor fervor aseguró
poseer el corazón más hermoso de todo el
vasto lugar .

De pronto un anciano se acercó y dijo:
"¿Porqué dices eso, si tu corazón no es ni
tan, aproximadamente, tan hermoso como el mío?

Sorprendidos la multitud y el joven miraron
el corazón del viejo y  vieron que, si bien
latía vigorosamente, éste estaba cubierto de
cicatrices y hasta había zonas donde faltaban
trozos y éstos habían  sido reemplazados por
otros que no encastraban perfectamente en el
lugar, pues se veían bordes y aristas irregu-
lares en su derredor.
Es más, había lugares con huecos, donde
faltaban trozos profundos.

La mirada de la gente se sobrecogió
- ¿como puede él decir que su corazón
es más hermoso?, pensaron ...

El joven contempló el corazón del anciano
y al ver su  estado desgarbado, se echó a reír.

"Debes estar bromeando," dijo.
"Compara tu corazón con el mío...
El mío es perfecto. En cambio el tuyo es un
conjunto de cicatrices y dolor."

"Es cierto," dijo el anciano,
"tu corazón luce perfecto, pero yo  jamás me
involucraría contigo...
Mira, cada cicatriz representa una persona
a la cual entregué todo mi amor.
Arranqué trozos de mi corazón para entregárselos
a cada uno de aquellos que he amado.
Muchos a su vez, me han obsequiado un trozo
del suyo, que he colocado en el lugar que
quedó abierto.
Como las piezas no eran iguales, quedaron
los bordes por los cuales me alegro,
porque al poseerlos me recuerdan el
amor que hemos compartido."

"Hubo oportunidades, en las cuales entregué
un trozo de mi corazón a alguien, pero esa
persona no me ofreció un poco del suyo a cambio.
De ahí quedaron los huecos
- dar amor es arriesgar, pero a pesar del dolor
que esas heridas me producen al haber quedado
abiertas, me recuerdan que los sigo amando
y alimentan la esperanza, que algún día -tal vez-
regresen y llenen el vacío que han  dejado
en mi corazón."

"¿Comprendes ahora lo que es
verdaderamente hermoso?"

El joven permaneció en silencio,
lágrimas corrían por sus mejillas.
Se acercó al anciano, arrancó un trozo
de su hermoso y  joven corazón y se lo ofreció.

El anciano lo recibió y lo colocó en su corazón,
luego a su vez arrancó un trozo del suyo
ya viejo y maltrecho y con él tapó
la herida abierta del joven.
La pieza se amoldó, pero no a la perfección.
Al no haber sido idénticos los trozos,
se notaban los bordes.

El joven miró su corazón que ya no era perfecto,
pero lucía mucho más hermoso que antes,
porque el amor del anciano fluía en su interior.

¡Desde aquí puedo ver lo hermoso que es tu corazón!

La enseñanza que nos da esta pequeña pero a la vez gran historia es que no todos somos perfectos tenemos imperfecciones pero aprender y ser paciente con los demás y dar y nunca esperar recibir a menos que a la otra persona no desee dar algo de el,  nuestra motivación diaria debe ser siempre dar lo mejor de nosotros sin esperar recibir porque es la misma vida la que nos devuelve todo  y nos devuelve con creces así que ya saben nunca se desanimen en dar lo menor de ustedes siempre alégrense cuando logran hacerlo
TODOS SOMOS IGUALES
(Aportación de nuestra amiga Angélica García Schneider)

El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón produce el bien; pero el que es malo, de su maldad produce el mal, porque de lo que abunda en el corazón habla la boca. 
En un pueblo, gobernaba un hombre famoso por sus abusos de autoridad y su desprecio hacia las clases más humildes. Con frecuencia hacía fiestas a las cuales invitaba sólo a la gente más acaudalada de la localidad, gente como él, indiferente a las necesidades de los pobres.
Un día llegó al pueblo el señor Freyman, un empresario muy rico, quien pensaba instalar una gran industria en el lugar, lo cual significaría un gran progreso y fuentes de trabajo para los lugareños. El mismo gobernador fué a recibir al empresario, le ofreció su casa y lo acompañó a ver el terreno.
Esa noche, ofreció una fiesta en su honor, en donde, como siempre se reuniría la crema y nata del pueblo.
Estaban en medio del banquete, cuando a un mozo se le cayó una bandeja con vasos, haciéndose trizas en el suelo, justo enfrente del gobernador y su invitado.
¡Pero que no te fijas imbécil?- le gritó el gobernador al muchacho, quien muy asustado procedió a recoger los vidrios. El hombre no cesó de insultarlo, hasta que terminó de recoger todo. El empresario se quedó observando la escena, muy conmovido y también indignado, pero lo disimuló.
Después que se hubo ido el muchacho, se dirigió al gobernador: - Señor gobernador...¿le puedo hacer una pregunta? - Por supuesto, mi estimado señor Freyman- respondió zalamero el gobernador. - ¿Si esos vasos se me hubieran caído a mí, qué hubiera pasado?, ¿me habría usted insultado como lo hizo con ese pobre muchacho?
El gobernador se turbó por la pregunta y respondió: - ¡Por supuesto que no señor Freyman, cómo cree! - ¿Y por qué no? También se hubieran roto los vasos. - Pero no es lo mismo...¡cómo iba yo a ofenderlo a usted! - Ah, ¿y por qué a ese muchacho sí? - Pues... es solo un indio... un desarrapado... - Es un ser humano, igual que usted, igual que yo- declaró firmemente el empresario. - ¡Pero cómo se va a comparar con nosotros ese pobre diablo! - Ese pobre diablo, como usted lo llama, merece respeto y consideración. El hecho de no poseer bienes, no hace a un hombre menos merecedor de estos.
Las palabras del empresario se escuchaban claras y decididas en el comedor, pues todos los invitados se habían quedado en silencio, asombrados, viendo como el gobernador, era avergonzado por su invitado de honor.
¡Ah que señor Freyman, me resultó usted predicador!- trató de bromear el gobernador, para disimular su malestar.
No, señor gobernador, estoy hablando muy en serio.
Bueno, pero no es para tanto jeje...
Pues quiero que sepa, que yo fuí como ese muchacho, yo servía mesas en la taberna de mi pueblo...
¿Pero cómo es posible?
Así es, señor gobernador. Yo vengo de una familia muy pobre, empecé a trabajar desde los doce años. No le voy a contar mi historia, pero quiero que sepa que porque he estado abajo, sé cómo se siente ser tratado como usted ha tratado a ese muchacho. Y una cosa le aseguro, yo soy la misma persona, ahora que tengo dinero, que cuando no lo tenía y eso, gracias a los valores que me enseñó mi madre. Porque el hombre no vale por lo que tiene, sino por lo que es. Hay muchos ricos que no valen nada y muchos pobres que valen oro. Todos nacemos igual: sin nada y todos morimos igual: sin nada. No importa si en este mundo fuimos ricos o pobres, cuando lo dejamos, nada material nos llevamos. Todos nos hemos de presentar ante Dios de la misma manera, para El somos todos iguales, así que si para El somos todos iguales, ¿quiénes somos nosotros para hacer diferencias?
El empresario terminó de hablar y calmadamente prosiguió con su cena, dejando a todos consternados y pensativos, especialmente el gobernador, quien esa noche había recibido la lección más grande de su vida.
Porque no hay acepción de personas para con Dios. Romanos 2:11